6 libros para interpretar la tragedia: historia y mito en Gaza
Para entender cómo se ha llegado al crimen contra la humanidad en curso en Gaza, es necesario conocer el proceso de Israel de negación de la historia y el estado de desposesión, trauma y furia que articula la vida de los palestinos desde la Nakba


Cuenta Meir Margalit, político israelo-argentino, que los israelíes se han dotado de un “envoltorio” que les preserva de toda información que desestabilice su “saber altanero”, de un “caparazón hermético” que los aísla de lo que sucede a su alrededor, distorsiona la verdad e impide toda reflexión crítica sobre la ocupación de Palestina. A efectos políticos, una de las consecuencias directas de esto es el masivo respaldo social a la guerra de Gaza. Lo que Margalit no dice es que este “no querer saber” responde a una negación de la historia y a la entronización, en su lugar, de la mitología, fundamentos ambos de la colonización sionista de Palestina. Y ello es primordial para entender cómo se ha llegado al genocidio en curso en Gaza.
Cuando a finales del siglo XIX los primeros sionistas proyectaron la colonización de Palestina, echaron mano tanto de la Biblia y sus mitos como del modelo de los colonos del Lejano Oeste americano. Pero si el resultado en Norteamérica fue la práctica extinción de la población indígena, en Palestina el asunto no fue tan fácil, entre otros motivos, porque se echó encima el siglo XX y tras la barbarie de la Primera Guerra Mundial se impulsó una nueva ética y una nueva política: las del sistema de la Sociedad de las Naciones. Si bien el nazismo y sus adláteres estuvieron a punto de dar al traste con este orden, se recompuso, con importantes correcciones, tras la Segunda Guerra Mundial. Con muchas dificultades y no poca violencia se abrió paso la idea de que la igualdad de las naciones, el respeto a las libertades individuales y las minorías, y la dignidad de todos los pueblos eran el fundamento de la convivencia. Hasta que ha llegado la presente guerra de Gaza: un huracán para los juicios sobre el bien y el mal y un regreso de Occidente al reto de la historia.
Los israelíes han sido educados en la idea de que los palestinos son violentos, desleales, rencorosos, ignorantes, e Israel una luz en un mar de tinieblas araboislámicas
El proyecto sionista de colonización de Palestina descansa sobre una base racista: el común de los israelíes ha sido educado en la idea de que los palestinos son violentos, desleales, rencorosos, ignorantes, e Israel una luz en un mar de tinieblas araboislámicas. Y aunque Margalit aborda esta concepción, no identifica con toda su crudeza el origen, sistémico, del problema. Porque Hamás no es el problema en sí de Israel, ni de Palestina, sino que el problema son la ocupación, el apartheid y la limpieza étnica que, como afirma Margalit, generan “una violencia que genera más violencia”. Con todo, y en esto Enzo Traverso es tan lúcido como valiente al recordarlo, las necesarias políticas memorialistas poscoloniales, centradas en el sufrimiento de las víctimas y la justicia de su causa, han embozado la realidad, evidente hasta los años setenta, de que los oprimidos se rebelan recurriendo a la violencia, que “no es bella ni idílica, a veces incluso resulta espantosa”.
Desde su fundación en la Primera Intifada (1987) como movimiento de resistencia armada hasta su progresiva “pacificación”, expresión hábil de Tareq Raconi, la trayectoria de Hamás ha sido todo menos unidimensional. Su acomodación en el gobierno de la Franja de Gaza a partir de 2007 supuso que este movimiento político-social-militar sufriera el desgaste propio del ejercicio del Gobierno. Carmen López Alonso apunta que de haberse celebrado elecciones presidenciales en Palestina en 2021, como en principio se anunció, el candidato más votado en Gaza, según las encuestas, habría sido Marwan Barghuti (líder de las Brigadas de los Mártires de al-Aqsa, vinculadas a Fatah, preso en Israel), con un 32% de intención de voto frente al 24% de Ismail Haniya (el líder político de Hamás, asesinado en Teherán en 2024).
Así, indica López Alonso, para entender las razones que llevaron a Hamás y la Yihad Islámica a lanzar la operación contra Israel a la que ha seguido la actual guerra de exterminio de Gaza, no se puede perder de vista la creciente violencia del Gobierno ultranacionalista de Netanyahu, que en los dos años anteriores al ataque alimentó el enfrentamiento y la injusticia en los que Hamás se crece. Lo que ha venido después es la confirmación del fin de las convenciones éticas, jurídicas y políticas que encarna la ONU.
Pankaj Mishra y Enzo Traverso coinciden en relacionar esta quiebra histórica, moral y epistemológica con la que supuso en su día la Shoah. Mishra, ensayista con una gran capacidad de crear ideas, no vuela tan alto en esta ocasión y subordina la lógica de lo que sucede en Gaza a la banalización del Holocausto, en torno al cual gira en realidad su obra. Por su parte, Traverso discurre sobre los usos del pasado que acompañan a la guerra de Gaza, aunque sin acertar a comprender la Nakba como una experiencia activa palestina, no solo pasiva; quizá ignora lo escrito por historiadores palestinos como Nur Masalha. La Nakba, resignificada, es un estado y un acto: el estado de desposesión, trauma y furia que articula la vida entera de los palestinos desde hace 77 años, y el acto resultante, el sumud, la resistencia/resiliencia con que se obra el futuro. Más que a dirimir responsabilidades o a pensar vías de superación, el libro de Mishra ayuda a comprender la profundidad del abismo en que se ha sumergido la “moralidad humana” en Gaza. Traverso reflexiona además, aunque sea brevemente, sobre un único y futuro Estado igualitario.
En su libro, Haidar Eid apela a la rendición de cuentas de Israel, paso previo a un “Estado laico y democrático para todos, independientemente de su religión y etnia”
Haidar Eid, profesor de literatura de la Universidad de Al-Aqsa de Gaza, analiza cómo el nihilismo de la izquierda global, el fetichismo del Estado-nación liberal consagrado por la ONU y el propio nacionalismo palestino han contribuido a colonizar la mente palestina al tiempo que se enajenaba el suelo de Palestina. Es preciso que el pueblo palestino imagine vías políticas alternativas a la ecuación hasta ahora hegemónica: la de hacerle custodio de sus bantustanes. Acabado de escribir el 31 de octubre de 2023 en su casa en ruinas, el libro de Eid apela a la rendición de cuentas de Israel, paso previo a un “Estado laico y democrático para todos, independientemente de su religión y etnia”.

Descolonizando la mente palestina
Traducción de Lu Barcenilla
Verso, 2024
147 páginas. 12 euros

El eclipse de la sociedad israelí
Catarata, 2024
174 páginas. 16,90 euros

El mundo después de Gaza
Traducción de Amelia Pérez de Villar Herranz
Galaxia Gutenberg, 2025
253 páginas. 19,50 euros

Gaza ante la historia
Traducción de Valentina Olalla Salvador
Akal, 2024
110 páginas. 12 euros

Hamás. Auge y pacificación de la resistencia palestina
Traducción de Gema Facal Lozano
Capitán Swing, 2024
438 páginas. 27 euros

Hamás. De la marcha hacia el poder al vuelo de Ícaro
Catarata, 2024
190 páginas. 17 euros
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.